27 de junio de 2014

Me convertí en una mamá sin vergüenza

Desde que recuerdo, he sido siempre muy pudorosa.  
Al estar en colegio de mujeres, como que existe cierta confianza y muchas de mis compañeras se cambiaban delante de todas, pero sinceramente, hacer eso, me incomodaba y siempre me cubría discretamente.  No se trata de que no me guste mi cuerpo o que no me sienta a gusto y cómoda con lo que Dios me dio, es simplemente un tema de pudor.

Nunca me imaginé que me convertiría casi casi en una exhibicionista al tener a mi Cata.  Claro que como me conocía discreta, me compré esos lindos cobertores de lactancia para que nadie me viera las boobies mientras alimentaba a mi bebé.  Me encargué de que cuando le tuviera que dar de lactar a mi recién nacida hijita, no hubiera nadie en la habitación de la clínica, excepto mi esposo y mi mamá.  Igual fue cuando llegué a casa.  Si era hora de dar teta, me retiraba al cuarto de mi bebé y ahí le daba su lechita. 

¡No duré ni una semana haciendo esto!  
Al principio me costó un poco, pero finalmente me acostumbré y me convertí en una mamá sin vergüenza. 

20 de junio de 2014

Mamá, sí, Mujer, también

Una de las cosas más increíbles del mundo es ser mamá.  ¡Adoro, amo, me gusta, me encanta ser mamá! Fue una elección personal dedicar el 100% de mi tiempo, al cuidado de mi pequeña Cata y de mi casa.  Y aunque hace unos años, cuando era toda una ejecutiva, jamás me hubiera visto en esta faceta, reconozco, que estar a cargo de mi familia es algo que disfruto y que hago con mucho gusto ya que gracias a esto, he tenido la bendición de estar en todo momento junto a mi hija.  No me he perdido ningún detalle importante durante su crecimiento y he estado a su lado en cada nueva aventura.

También, trato de dedicarle tiempo a mi esposo y a nuestra vida en pareja.  Así que cada vez que se puede salimos a comer a algún lugar rico, al cine, o simplemente a pasear y conversar.  Creo que es importante que mi Cata vea a sus papis contentos y compenetrados.


Sin embargo, hace unos meses me di cuenta que a raíz de mi nuevo rol de mamá y de ama de casa, olvidé casi por completo que también soy mujer y que también necesito tiempo para mí.  Tiempo para retomar mis pensamientos, mis prioridades, mis sueños.  Tiempo para calmar mi ser, mi espíritu, mi mente. Es que es tan fácil caer en la trampa de dedicarse a los demás, sin tomar en cuenta que también como madre, me debo dedicar un tiempo especial para mí, por más breve que sea.  Es que claro, también es fácil sentir culpa cuando lo haces, pero estoy en proceso de aprendizaje.