27 de agosto de 2014

¡Es MI Cata, de nadie más!

Como tuve mucho tiempo para leer durante mi difícil embarazo, una de las cosas que aprendí fue que los recién nacidos, a la única persona a la que reconocen por su voz y por su olor, y con la que se sienten seguros, es con su madre.  Conforme mi panza crecía, me fui convirtiendo en una leona, pero nunca pude advertir esta transformación en mí. 

Hasta que mi Cata nació. 

Felizmente Rolando y yo tenemos muy poca familia, así que las personas que fueron a visitarnos a la clínica fueron: mi mamá, mi hermana, mi papá, mi suegra, la tía de Rolando y mi suegro.  Fuimos muy tajantes respecto a que nuestros amigos u otros familiares fueran a visitarnos, queríamos tener nuestro espacio para adaptarnos a los nuevos cambios.

Full confianza con mi mamá, obviamente ella era la que más cargaba a mi Linda y todo bien con eso. Incluso con mi hermana, todo genial y felizmente no la cargaba demasiado.

Sí me parecía importante que Rolando pudiera cargarla todo el tiempo posible, así que en ese sentido perfecto que cogiera a su hijita. 

Mi papá y mi suegro, sólo la miraban de lejitos y ahí se quedaban, cosa que también me pareció excelente.  

Hasta que llegó la tía de Rolando.  Realmente no recuerdo si llegó a cargar a mi Cata, pero lo que sí hizo que me transformara en una leona fue que llegó muy feliz con su cámara fotográfica y con todo el flash del mundo le comenzó a sacar miles de fotos a mi bebé que estaba tan cómodamente durmiendo.  Y claro, la despertó.  Grrrrr.  Roar. 

Sin embargo, mi faceta de leona fue mucho más dramática cuando llegó mi suegra. ¿Pero qué tenemos la mayoría de las mujeres con las suegras? Con ella sí me dio fuerte ese instinto animal de protección, me sentía incómoda hasta de que mirara a mi cachorra y todo lo que viniera por parte de ella me lo tomaba a mal. Grrrrr. Roar.  Grrrrr.  Roar.  Roar.

Con el tema de la nana también fue un poco complicado, pasamos por un par de chicas, muy buenas en todo lo que hacían, mi hija estaba muy bien cuidada, pero de manera inconsciente también les encontraba algo y se terminaron yendo para poner en su lugar a una chica que conocemos desde hace más de 20 años, full confianza y a la que le tenemos mucho cariño. Como en algún momento le dije, a nadie más podía dejar 
encargada a mi Cata. Grrrrr. Roar.

Quizá yo tardé más que otras mamás, pero me costó muchísimo dejar a mi niña con otras personas.  Al principio era con su nana, con mi mamá o con mi hermana y sólo por unas horas.  Después del año la dejaba con mi suegro, al que quiero tanto, creo que es él quien nos ha ayudado más que nadie cuidando a mi Linda.

Cuando la nana se fue, hace más de un año, asumí el cuidado de mi hija al 100% y siempre hemos estado juntas ya que gracias a Dios no he tenido que volver a un trabajo de oficina y todas mis labores las hago en casa. Además desde siempre me hice el firme propósito de estar el máximo tiempo posible a su lado, por eso soy feliz yendo con ella en el carro a dejarla o a recogerla de la guardería, por más que el encargado oficial de hacer esto es mi esposo. Incluso hasta ahora mi hija jamás ha pasado una sola noche lejos de mí. 

Sin embargo, veo que mi nena cada vez es más sociable y me he dado cuenta que poco a poco sus alitas están empezando a crecer. Además sé que es natural y muy sano que vaya despegándose de su mamá.  Aunque debo admitir que todo esto me da un poco de temor y más que nada, pena.

Pero es parte de la vida, así que como una especie de terapia y como para darle el voto de confianza a mi suegra que es con quien menos ha compartido, de toda nuestra familia, el domingo pasado compré sólo dos entradas para La Reina de las Nieves, una obra de teatro infantil y junto con Rolando dejamos a la Cata con su "mamama" en la puerta para que disfrutaran del espectáculo las dos, para que se conozcan más, para que crezcan más los lazos naturales, que como familia deben tener.  Claro que no pude evitar tener el corazón en un puño hasta que la fui a recoger.

Al terminar la obra, mi Linda me encontró esperándola en la puerta y la experiencia fue fenomenal.  Las dos, abuela y nieta se la pasaron muy bien, se divirtieron y estuvieron un rato juntas, sólo ellas dos.

Espero hacer este tipo de cosas más seguido y con otros miembros de nuestra familia.  No sólo para que ella se divierta y comparta experiencias con otras personas que no sean sólo mamá o papá, también eso me dará chance para hacer otras cosas, como tener un poco de tiempo para mí o para disfrutar un momento con mi esposo. 

De todos modos, no pienso que la haya estado malcriando por haberla tenido tanto tiempo tan cerquita a mí.  Tampoco creo que haya estado del todo mal haber reaccionado como si mi Cata fuera de mi propiedad  durante sus primeros días de vida ya que por lo que he leído ese instinto es muy normal y te puede durar algunos meses.

Y tú, ¿has sentido lo mismo? o ¿eres más desapegada? ¿cómo fue la primera noche que pasaste lejos de tu bebé?

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3 comentarios:

  1. Me pasaba igual... mi Mati era MI MATI, las tias querían cargarlo y yo decía uuuuyy justo va a tomar teta jaja... es normal!! Lindo post

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    1. Hola María José, muchas gracias por comentar. Es cierto, ese instinto de protección es de todas las hembras que acaban de parir. Claro que a veces los familiares no lo comprenden :)

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  2. jajaja es normal, somos leonas, son nuestras cachorras!! yo aun no la dejo asi no mas con nadie!! las abuelas y mi hermana no mas!! jeje

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