8 de agosto de 2014

Temores exagerados de los padres

Cuando uno se convierte en padre o madre inicia una nueva etapa en la vida.  Es hacerse más responsables, velar ya no sólo por uno mismo sino también por el pequeño o pequeña que llegó para iluminarles la sonrisa;  Con esta llegada, también aparecen una serie de miedos y preocupaciones que les pueden quitar el sueño.  ¿Seré buen padre? ¿Seré buena madre? ¿Y si le pasa algo a mi hijo? ¿Si se accidenta? ¿Será una buena persona? ¿Tendrá éxito en el futuro?  Son sólo algunas de la infinidad de preguntas que se pueden hacer los padres frente al futuro de sus pequeños.

En honor a la verdad, no se tienen las respuestas a estas preguntas;  sin embargo, lo que se puede hacer es darles las bases sólidas para un buen desarrollo.  Para ello, la casa y la crianza son pilares básicos para el futuro de los pequeños.  La casa, porque es el primer lugar donde habita el pequeño, es el espacio donde empieza a aprender y a interactuar con los demás;  y la crianza, porque de ahí amplía la manera en cómo se relaciona con el mundo.
Cuando el niño nace hay que ayudarlo en todo, pero al ir creciendo se le va enseñando a hacer las cosas por sí mismo y asume funciones que hacían los padres.  Por ejemplo, cambiaban los pañales, vestían, bañaban, alimentaban al niño;  funciones que con el tiempo se dejan de hacer, porque enseñan al niño cómo hacerlas.  Lo mismo ocurre cuando empieza a movilizarse primero gatea, luego camina, finalmente corre.  Para logarlo, el niño necesita – en primera instancia – de una libertad controlada que le permita explorar, jugar, moverse, experimentar con el fin de adquirir conocimientos que contribuyan a su desarrollo, sin que éste se haga daño.  Tener en cuenta que se va a caer, se va a golpear, lo cual es necesario para que el niño desarrolle su equilibrio.  Y más aún, tiene que aprender a levantarse y seguir intentándolo.

Pero qué ocurre cuando esos temores son exagerados y los padres no permiten que sus hijos se paren o caminen si ellos no están detrás del niño en todo momento;  si por ellos fuera, el niño estaría envuelto en su cobija y quieto todo el día.  Si bien, hay que prevenir los accidentes;  con ese proceder hacen que sus hijos se vuelvan dependientes y no desarrollen la capacidad de enfrentarse a las situaciones diarias que con el tiempo se vuelven más complejas.  Por ello, es importante darle el equilibrio entre la libertad y el control de riesgos que puedan tener.  Pero llegar a los extremos de la sobreprotección y la permisividad hace de los hijos niños inútiles que crecen con temores, inseguridades y poca tolerancia a la frustración.

De un cantautor escuché decir: “Si la madre tiene frío, el niño trae abrigo…”.  La madre o el padre tienen frío, no el niño;  él está feliz jugando.  La madre o el padre, por su parte, tienen una preocupación, no su hijo.  ¿Qué tanto los miedos, las preocupaciones e incluso los deseos de los padres son transmitidos a los hijos, afectando su desarrollo? ¿Cuáles son las creencias y los miedos que están afectando la crianza de mis hijos?

El amor, el cuidado y la protección son espacios de crecimiento, personal y familiar;  exagerarlos, podría ocasionar efectos contrarios para el desarrollo de los pequeños.

Carlos Chinen T.
Centro CRESER 
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