26 de febrero de 2015

Mamá Darkie / Cata Pinkie

Desde que me enteré que iba a tener una nena, comencé a imaginar cómo es que la vestiría, qué música escucharía y con qué cosas jugaría.  Yo que soy media “Darkie”, me visto de negro, tengo tatuajes, nunca me maquillo, escucho música que casi nadie más escucha (90’s caletas, synthpop, new wave, etc.) y repelo todo lo rosa, tenía bien claro que: mi hijita nunca vería a Barbie, ni a ninguna otra muñeca “calabazona”, jamás la vestiría de colores pastel, mucho menos de rosado, vería sólo videos y programas educativos y nada de ballet. 

Qué horror cómo uno se alucina con su hijo y cómo sin querer uno trata de imponerle ciertos parámetros y gustos, sin pensar que esa personita (que aún no llega al mundo), tiene su propia personalidad y que a la larga tomará sus propias decisiones.  Y sí que mi Cata tiene una personalidad muy definida, desde chiquitita sabe perfectamente lo que quiere y lo que no le gusta y sabe cómo dejártelo bien claro para que no te confundas.

Entre las cosas que tuvo de bebé, tenía baberos y politos que tenían su toque de negrito por algún lado y se le veía graciosa.  Sin embargo al cumplir un año, nos dimos cuenta que ella se estaba yendo por la Vía Rosa y conforme pasan los meses se vuelve cada vez más y más Pinky. 

Le gusta la ropa rosada, si son vestidos mejor, si son politos con bobitos o vestidos bolsudos y con vuelo, le fascinan.  Baila y canta todo el día.  Este pedacito de gente, se para cada vez que pasa frente a un espejo y se detiene a mirarse, se agarra el cabello y sonríe coqueta cual quinceañera.  Escoge los zapatos que tengan lacito y que sean rosados.  Usa cartera desde muy chiquita y ahora último le ha agarrado el gusto por usar lentes de sol.  Hace poco vio a mi hermana pintarse las uñas de las manos y armó todo un berrinche para que le pintaran las uñas también a ella.  Claro que hizo otro berrinche para que yo me pintara las uñas también. ¡Ah! Por cierto, hace dos sábados casi se baja el puesto de MAC tratando de agarrar un esmalte.  Le encanta jugar con los sets de maquillaje de mentira, las pulseras, los collares, las esclavas y los relojes.  Juega a la mamá y a la cocinita y es hincha número uno de Barbie.  A sus cortos dos años y dos meses tiene como ocho de esas muñecas y las baña y las peina por horas.  Tiene su tutú rosa con muchos vuelos y me hace ponérselo todos los días para bailar al ritmo de la música clásica y baila cual cisne levantando los brazos y la piernita.  Ahora último, me está pidiendo una corona.  Le fascinan las princesas, las colonias y las cremas para el cuerpo de mamá.  Es toda una monita.

Su forma de ser también es casi opuesta a la mía.  Es tan, pero tan desenvuelta y sociable que muchas veces me he visto conversando con personas casi obligada por la Cata o haciendo cosas que jamás haría, sólo por ella.  Yo no soy para nada conversadora y ella en su media lengua me conversa de todo y por las noches antes de dormir le da la lora y les juro que me marea, pero yo me río y la observo siempre con ganas de comérmela a besos.

A mí no me ha quedado otra que tan sólo acompañarla en su camino de Arco Iris, sin imponerle nada, en ningún momento.  Así que a su lado he cantado, he bailado y he hecho todo lo que jamás imaginé hacer en mi condición de “Darkie”. Y lo mejor de todo es que lo he disfrutado un montón.  Todo esto ha hecho que también descubra una nueva faceta mía que tenía bien guardadita.  Nunca pensé tener tanta paciencia como la tengo con ella, nunca pensé ser las mamá gallina en la que me he convertido y nunca pensé que llegaría a comprar dos videos de Barbie escogidos por mí, para yo también verlos con canchita en mano.  Ay que la maternidad te cambia ¿no?
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