17 de marzo de 2015

El Miedo en los Niños

Un tema preocupante para muchos padres es el miedo que tienen los niños, ya que puede hacer un poco complicada la vida diaria.

Hoy en día, todos los pequeños sienten y perciben muchas más cosas y esto puede perturbarlos.  Cuando el exceso de estímulos afecta sus sentidos, pueden sentirse saturados e incluso asustados.  Aún no pueden gestionar tanta información como reciben y hay cosas para las que no encuentran explicación lógica y no olvidemos que a pesar de su corta edad, los niños necesitan entender todo lo que los rodea. 

Sin embargo, debemos tener en cuenta que se trata de un fenómeno evolutivo, hasta el punto que la presencia de miedo se puede considerar como una parte integral del desarrollo psicológico normal de todas las personas.  Lo anómalo sería su ausencia.  Este tipo de experiencias tiene como finalidad señalizar la presencia de un peligro y con el tiempo ayudarán al ser humano a generar y consolidar medios y recursos encaminados a resolver de modo satisfactorio situaciones estresantes.

Alrededor de los dos años, e incluso bastante antes, los pequeños empiezan a tomar conciencia de su propia persona, a darse cuenta que son una persona diferente a su madre y que por lo tanto pueden separarse de ella.  Esto es lo que ven, pero aún no comprenden el concepto del tiempo, ni entienden que aunque no veas una cosa, esa cosa sigue existiendo.  Por eso, niños que de pequeños no lloraban cuando su madre se alejaba, de repente comienzan a hacerlo, porque en ese momento son conscientes de que la otra persona desaparece de su vista y sienten miedo de no volver a verla.

El miedo en niños mayores se genera debido a que éstos no son capaces de separar lo real de lo imaginario. 
Pueden tener miedo a salir de casa, porque dentro de ella se sienten a salvo del exceso de estímulos.
Pueden tener miedo a la oscuridad porque es un momento en el que no tienen control sobre lo que  pasa a su alrededor, no saben lo que hay ahí en ese color negro que les rodea, sin embargo ellos siguen percibiendo cosas que no ven y eso asusta.
También pueden tener miedos irracionales como a los lobos y a las brujas de los cuentos.

Los miedos pueden venir del exterior o del interior del niño:
Del exterior debido a que sus sentidos siempre están alerta, captando TODO lo que les rodea.
De su interior debido a su permanente actividad emocional, fundados en experiencias negativas en casa o fuera de ella.
Algunos de los miedos infantiles más habituales: al abandono en general, reflejado en los primeros días de escuela o en la separación de los padres, a las personas extrañas, a objetos raros, ruidos fuertes, al agua, a la oscuridad, a los monstruos, a los insectos, al lobo del cuento de caperucita (cuento que curiosamente quería leer una y otra vez), o a la muerte, etc.

Ante estos miedos lo único que podemos hacer es estar al lado de nuestro hijo, dándole nuestro apoyo y cariño, transmitiéndole tranquilidad y seguridad, sin negar su miedo y sin ridiculizar, porque para él es real.

Dicen que el mejor  método es "vencer" al miedo, así que si lo que tiene es miedo a los monstruos por la noche, puedes tener a mano un spray anti-monstruos que puedas rociar a donde se encuentra el monstruo y este desaparezca. Si el niño siente que tú le entiendes y apoyas y entre los dos vencen al monstruo, el miedo desaparecerá.  También se puede contar un cuento inventando algo, un objeto más cercano y conocido por el niño, por ejemplo una varita mágica para dar seguridad.  Pueden jugar apagando las luces de la habitación fingiendo ser un detective o un pirata en busca del tesoro, así el pequeño se acostumbrará a la oscuridad.  
Si le da miedo el agua, prueba con una toallita mientras averiguas qué es lo que realmente le asusta del agua.

No exponer a nuestros pequeños al miedo o evitar adrede este tipo de situaciones, es la peor solución ya que sólo se consigue aparcar el tema y nunca se crean estrategias para superarlo.  Se debe enfrentar esa sensación poquito a poco, brindándole recursos, pequeñas técnicas, con un adulto al lado, que les sirva de referencia y que les ofrezca seguridad.

Y como siempre presta mucha atención para ver qué es lo que está pasando por su cabecita y entender qué le está causando ese miedo y angustia.


Los miedos no son motivos para grandes preocupaciones siempre y cuando éstos no interfieren en el desarrollo de tu hijo.  Pero si alguno de sus miedos no deja que tu niño haga una vida normal, es probable que necesite de apoyo psicológico.  Y en ese caso, no lo dudes en recurrir a un profesional especializado.
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