3 de marzo de 2015

Yo vs. Carne

Hace tiempo quería escribir sobre este tema, ya que es parte importante de mi vida y de quien soy.  Realmente, si retrocedo en el tiempo y trato de ubicar el momento en el que empezó mi aversión por la carne (pollo, vaca, chancho, etc.), no lo encuentro.  Sólo sé que desde que tengo memoria no me gustó comerla y tampoco tengo un buen recuerdo al estar sentada frente a un pedazo de churrasco o un filete de pescado. 

El ser así, no fue para nada fácil.  Todos en mi familia son carnívoros.  Alimentarme era una batalla diaria con mi mamá, ya que simplemente no podía comer carne y ella insistía.  Sé que puede sonar increíble que una niña de no sé, tres o cuatro años te diga que no puede comer carne, o tal vez piensas que se trataba del típico capricho que tienen los pequeños con la comida, pero te digo sinceramente, YO NO PODÍA COMER CARNE, no la toleraba.  

Quedarme en la casa de alguna amiga, para almorzar era someterme a un momento de estrés, ya que obviamente me servirían algún tipo de proteína animal en el plato y en esa época siendo yo tan chiquita no sabía cómo manejar la situación ya que si sólo me comía los vegetales y el arroz, de hecho iban a empezar con las insoportables preguntas y comentarios que incluso hasta ahora me persiguen : ¿por qué no comiste la carne? ¿no te gustó? ¿no comes ningún tipo de carne? ¡te vas a volver anémica! ¿y, acaso las plantas no sienten? ¿siempre has sido disticosa con la comida?, etc., etc., etc.  Incluso recuerdo que el tema de la alimentación me complicó bastante el viaje de promoción y otros paseos, ya que por esos años no existían opciones vegetarianas en los menús.  Es más, de hecho era muy extraño en esa época que una chibola de 15 años te diga que era vegetariana y que no comía carne. 

Al pasar los años y al aceptar (contra mi voluntad), mi condición de “disticosa”, me di cuenta que no sólo se trataba de una cuestión de gusto, sabía inconscientemente que algo detrás de todo eso, no cuadraba en mi, algo no estaba bien.  Es entonces que comencé a investigar, a leer, a informarme y a tomar conciencia de la principal razón por la que no aceptaba la carne:  me preocupaba mucho la vida de los animales.   Fue así que pasé de ser “especial para comer”, a hacerme oficialmente vegetariana.  Fue un gran paso en mi vida, me hizo sentir libre, como que me quité un gran peso de encima, ya no tenía que pretender nada en la mesa, ni dar ninguna excusa, ni sentirme avergonzada de nada.  Desde ese momento fui muy feliz.

Han pasado casi 20 años y hasta hoy ser vegetariano es raro y difícil, sobretodo en una sociedad hiperconsumista, que ha duplicado la cantidad de carne que come, sin embargo, ya sea que estés en la transición a ser vegetariano, lo estés pensando o necesites informarte más, aquí te brindo las razones más destacadas por las que esta elección, no sólo es muy saludable, también contribuyes con el cuidado del planeta y  el respeto de todos los seres vivos que en ella habitan:
  • Las grasas animales elevan la presión arterial.  Al ser vegetariano, disminuyes las posibilidades de sufrir de enfermedades cardiovasculares.  Eso implica también menos colesterol y menos hipertensión.
  • Elegir una dieta vegetariana ayuda en buena medida a prevenir el cáncer por la cantidad de fibras presentes y por ser antioxidante, facilitando la expulsión de residuos alimenticios y toxinas, manteniendo el cuerpo sano y el sistema inmunológico fuerte.  Cabe recalcar que hay muchos vegetales como el brócoli que son anticancerígenos.  También hay médicos que sostienen que las dietas veganas reducen el riesgo de alzheimer.
  • Mientras más vegetales, frutas y cereales consumas, podrás controlar la diabetes y la arteriosclerosis.
  • Los platos basados en vegetales son más económicos.  El costo de consumir fruta queda cubierto al ahorrar en visitas innecesarias al médico.  Incluso las aspirinas, los antiácidos y otros medicamentos de uso cotidiano suelen desaparecer de tu vida.
  • Los carbohidratos proporcionan energía lenta y sostenida, sin exceso de grasa o calorías.
  • Evitas el sufrimiento animal.  Ser vegetariano será un verdadero aporte para el cuidado de las especies animales y para evitar que se las someta a condiciones antinaturales con el sólo propósito de consumirlas.
  • Sostenibilidad ambiental.  Cada año desaparecen más bosques y parte de la selva para que puedan pastar los animales.  Además, su cría intensiva genera residuos (estiércol) y metano (orina), considerados como uno de los contaminantes principales de las aguas fluviales, por lo tanto ocasiona un gran daño al medio ambiente.  Se debe considerar también los químicos tóxicos derivados de los pesticidas y maquinarias que se usan en el cuidado del ganado, fuertes contribuyentes de los gases de efecto invernadero.
  • Se ahorra mucha agua, ya que mucha de ella es usada para criar animales que específicamente son usados sólo para alimentación humana.  En su libro, “The Kind Life”, Alicia Silverstone dice que “producir un bistec de 450 gramos de carne necesita la cantidad de agua que necesitas para ducharte por seis meses!”
  • Te permitirá conservar tu cuerpo desintoxicado ya que el 95% de los residuos de pesticidas en nuestro cuerpo provienen de carnes rojas, pescado y productos lácteos.  Incluso hasta podrías bajar de peso, verte más saludable y natural.
Ser vegetariano es una elección, que no debe llevarse como una carga, sino como un placentero modo de vida que se disfruta y se sostiene con orgullo.  Tener conciencia de lo que comes es una forma elevada de autoestima que por ley natural termina reflejándose en cómo te relacionas con los demás y el mundo, genera un impacto positivo y expansivo en el resto de la sociedad y el planeta.


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