14 de abril de 2015

Empezar y terminar: mi Cata, el Ballet y la importancia de cerrar círculos


Empezando el círculo: La metimos a mi Cata el bichito del Ballet. Ya te he contado que mi nena es muy bailarina y dramática. La llevé a una clase modelo y se quedó fascinada. Su mamama le compró toda su ropa de Ballet y empezó sus clases muy contenta.  Esperaba con mucha emoción los días que le tocaba clase y sus ojitos le brillaban al vestirse como toda una bailarina.

Durante la tercera semana, sentí que de pronto, la emoción disminuyó. Comenzó a decirme que no quería ir a su clase. Para mala suerte justo coincidió con unos problemas logísticos y no pudimos llevarla en dos oportunidades, además perdió también una clase porque estuvo mal de la pancita.

Era un hecho, cada vez que tenía oportunidad me decía que no quería regresar a su clase de Ballet. Intenté conversar con ella en más de una oportunidad para saber qué era exactamente lo que le molestaba, pero no lograba sacarle ningún tipo de información. Sólo no quería ir al Ballet más.

El martes  por la noche, mientras acomodaba sus cosas para el día siguiente, le dije que iba a mandar su indumentaria a la guardería para que ahí la cambiaran, cosa que yo sólo la recogía y nos íbamos de frente a la clase. Mi Cata, muda, no me dijo nada.

Cerrando el Círculo: Llegó el miércoles, día de Ballet. No muy animada se acordó que ese día le tocaba bailar, pero al menos no dijo “No quiero ir”. La recogí a las 4pm de la guardería, ya cambiada. Me abrazó y ahí empezó el dilema. Que no quiero ir al Ballet, que quiero ir a mi casita, que no me gusta bailar, que no, que no y que no. Mientras manejaba, trataba de conversar con ella, le pedía que me explicara qué era lo que había pasado para que le dejara de gustar algo que tanto disfrutaba. Muchas razones no supo darme, así que yo seguí manejando hacia la clase. Llegamos, entramos, esperamos, mi Cata seguía firme en su posición de no querer bailar, pero felizmente negociando, convenciendo y explicándole logré que entrara a su última clase del mes. Estuvo tranquila, contenta, bailo a gusto y no es por nada pero ¡qué bonito baila mi hijita!.  Al salir de la clase, la aplaudí, la abracé y le dije mirándola a los ojitos que estaba muy orgullosa de ella porque pudo terminar lo que empezó, porque cerró su círculo.

Para mí, es muy importante que mi Cata aprenda desde chiquita a no dejar las cosas a medias. He tratado de enseñarle desde lo simple, con mucho cariño y sin demasiada presión, por ejemplo a que guarde los juguetes que sacó, a que deje las cosas ordenadas, como las encontró, que en lo posible termine toda la comida que se le sirve, etc.  Estoy convencida que a cerrar ciclos se aprende y este aprendizaje es básico para afrontar la vida.

Vivimos de manera cíclica. Los ciclos son secuencias que conllevan un inicio, un desarrollo y un final. En la naturaleza todo es cíclico, las estaciones, la flora, los animales, y las relaciones (amorosas, amistosas, de trabajo).  Realizar los cambios necesarios, nos permite destruir los círculos viciosos, para crear círculos virtuosos.

Para cerrar bien un ciclo, resulta positivo reconocer lo vivido, y cuál es la influencia de eso hoy en nuestra vida. Es muy importante agradecer lo vivido, porque ahora cuentas con esa lección en tu haber. Resulta conveniente para nuestra mente, corazón, alma y cuerpo, rescatar los buenos momentos, porque todo lo que hemos vivido forma parte de nuestra historia y es por esas experiencias que somos quienes somos ahora.

Empezar es fácil, empezar es rápido, empezar es divertido, pero creo que es sólo de valientes cerrar un círculo...como mi Cata. 
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1 comentario:

  1. No había pensado en eso de los círculos!! Pero tienes razón, que interesante! siempre se aprende algo! voy a empezar a aplicarlo!!

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