19 de octubre de 2015

Historia con final feliz





















Esta es una historia real, de la cual fui testigo presencial de todo lo que aconteció.  Es una historia de lucha y de valentía constante que hasta ahora sigue vigente porque el cáncer es así, aparece de repente, en el momento en el que menos lo esperas.  Debemos estar muy atentos para hacerle frente tan pronto éste sea diagnosticado y aunque muchas etapas sean superadas, nunca se debe bajar la guardia.

Hay muchas situaciones y momentos que ya no recuerdo, no sé si es debido al paso de los años (quince ya), o es porque de alguna manera, mi cerebro (o mi corazón) se ha encargado de borrarlos de mi memoria.  Es que es muy difícil tener sólo veintidós años y enterarte que tu mamá de cuarenta y seis años ha sido diagnosticada con cáncer de mama.
Fue gracias a un chequeo rutinario al que se sometió, que pudieron detectarlo.  Como dije, muy poco recuerdo, pero sí tengo presentes algunas situaciones, momentos, sentimientos y hechos.

Recuerdo por ejemplo, que ella no tenía ninguna molestia, tampoco presentó algún síntoma que nos alertara de un mal como aquel.  Recuerdo que esta noticia llegó a nosotros un viernes y al día siguiente, sábado, ella ya estaba internada.  Es que después de la biopsia, si el resultado es positivo, se debe hacer lo posible por extirpar el tumor cuanto antes.  A ella le iban a retirar todo el seno por precaución.  Tuvo que dejar de trabajar por varios meses.  La operación en principio la programaron para el lunes, sin embargo, a último momento terminaron de operarla el jueves y creo que fue algo bueno ya que el doctor a cargo de la cirugía era el mejor de todo el INEN.  Durante esos días de espera, no recuerdo haber visto a mi mamá llorar o quejarse por la dura prueba por la que estaba pasando.  De cualquier forma, como hija mayor debía hacerme fuerte y ser el pilar en cual ella pudiera apoyarse.  Recuerdo que todos esos días fueron como una locura en mi casa, ya que quedarse de un momento a otro sin el capitán del barco fue caótico.  Nos sentíamos sin dirección, creo que nadie sabía muy bien cómo actuar, qué actitud tomar.  Incluso hasta ahora no le he preguntado a mi hermana que en ese entonces tenía sólo 11 años, cómo le afectó todo esto.  Recuerdo que me escapé de una Feria a la que me había enviado la empresa en la que trabajaba, sólo para poder ver a mi mamá un día antes de su operación.  La vi tranquila, preparada para todo.  Recuerdo que al despedirme de ella con un abrazo, sentí su pecho contra el mío y me di cuenta que esa sería la última vez que recibiría un abrazo de ella, de esa manera.  Recuerdo que en mi trabajo me apoyaron bastante con los permisos y con todo.  Del día de la operación sólo recuerdo haber esperado bastante y luego subir a verla aún con los rezagos de la anestesia.  En mi memoria queda la conversación que sostuve con el Doctor, en el que me decía que la operación había sido un éxito, que pudieron retirar todo el tumor y que también sacaron los ganglios, de manera preventiva.  Recuerdo que a mi lado se encontraba Bertha, una amiga de mi mamá que también lucho contra el mismo mal, durante años.  Hoy ella ya no está, no tuvo la misma suerte de mi mamá.  Recuerdo que mi mamá tuvo cuatro quimioterapias.  Sé que son caras.  La acompañé a todas.  Sé que son dolorosas y te quitan bastante de la vida que tienes.  Sé que el cuerpo te quema desde adentro.  Sé que te mata todo, lo bueno y lo malo.  Recuerdo que mi mamá casi no comía, que se la pasaba en cama o en el baño devolviendo lo poco que comía.  Bajó muchísimo de peso.  Le faltaba el aire, es que la vida se le iba.  Igual, tan pronto pudo y sacando fuerzas no sé de donde se paró de la cama para ocuparse de nosotros y de la casa.  

Recuerdo que se le fue cayendo el cabello poco a poco.  Tuvo que raparse y luego hacer algo que jamás se imaginó hacer: comprarse una peluca.  Ahora ella se ríe mucho de eso.  Y luego, después de cumplir su tratamiento y de miles de pruebas posteriores y antes de que sus venas terminaran de colapsar y su perseverancia decayera, siguió con quimioterapia oral por cinco años.  Durante ese tiempo, los chequeos y análisis eran muy constantes, debían hacerle seguimiento.  Felizmente pudo regresar a su trabajo en cuanto se encontró mejor.  Recuerdo que con alegría celebramos el haber superado los primeros cinco años después de su operación.  Supuestamente después de ese tiempo, tienes menos posibilidades de desarrollar nuevamente un tumor.  Hasta ahora tiene algunos achaques debido a todo lo que tuvo que experimentar y siempre está en constante vigilancia médica.  A pesar de que su vida no es nada fácil y de que en todos estos años ha estado con el ánimo por los suelos por diferentes motivos y la he visto llorar en más de una ocasión, mi valiente madre sigue con nosotros y aunque ya todos estamos grandes, no hay ningún detalle que se le escape, ni ningún momento importante de nuestras vidas en el que ella esté a nuestro lado.  Desde su enfermedad me sentí más cercana a ella.  Su carácter también cambió, creo que se volvió más dócil, menos renegona y sus ataques de risa han ido en aumento con los años.  Ha puesto la valla muy alta, pero eso nos sirve de ejemplo de vida, de mujer y de madre.

Eco-Lover, por favor, no dejes de ir a tus controles médicos.  No los postergues así sean pesados, incómodos e incluso dolorosos.  Con sorpresa me enteré hace poco que un par de amigas de más de treinta años nunca han ido a una cita con un Ginecólogo y de hecho me imagino que muchas de ustedes también pueden estar evitándolo.  Es momento de tomar conciencia y actuar de inmediato por el bien de la salud de todas ustedes y por los que aman.  Vivir una experiencia como esta, es bastante dura, sólo la que ha pasado por esto como personaje principal o como yo, una simple testigo, sabe que se sufre bastante y te deja marcada de por vida.  Así que ocúpense de ustedes mismas y ¡vayan a chequearse ya!

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