29 de diciembre de 2015

Manual de supervivencia para Mamás: Cómo recibir el 2016 con energías renovadas


















Sé que a algunas madres les causa un poco de ansiedad y estrés las celebraciones de fin de año.  Pero ánimos, ya falta menos y hasta ahora has logrado superarlas con éxito. Sobrevivir a la locura de las fiestas no es fácil y mucho menos si has sido mamá recientemente.

Aquí te doy algunos consejos para que puedas recibir el 2016 con toda la energía bonita que necesitas:

CONSEJO #1 – Lo más importante es tu tranquilidad 
Es inevitable, todo el mundo quiere celebrar la llegada del año nuevo.  Es como una obligación de hacer algo especial.  Salir, comer, reír, bailar, sino no es año nuevo.
Pero es curiosa la forma en la que cambian nuestras prioridades cuando nos convertimos en madres.  Es por eso que te recomiendo, programar en la medida de lo posible, una noche divertida, pero al mismo tranquila con amigos o familiares y también descansar antes de celebrar (tú y tu bebé).

CONSEJO #2 –  Anda sin prisas y organízate con anticipación
Parece que en lugar de terminarse el año, se termina el mundo. A partir del 30 de diciembre, las calles empiezan a llenarse de gente que corre de un lado a otro, como si no hubiera un mañana. Programa tus compras de cotillón y las del supermercado con anticipación y trata de hacerlas muy temprano en la mañana o a la hora de almuerzo que creo yo, son los momentos ideales ya que no hay mucha gente comprando.

CONSEJO #3 - Haz una lista de todos tus logros del 2015
Esto te dará la energía suficiente como para seguir con mucha más fuerza.   Para iniciar un año nuevo es importante hacer un recuento sincero del año que termina. El fin de año siempre trae gran mezcla de sentimientos; Alegría, nostalgia, esperanza, gratitud y también un poco de enojó, dolor y drama.  Celébralos. Hay cosas que son para celebrarlas, sin duda.  Guarda esta lista en un lugar que sea especial para ti y recurre a ella en momentos de bajón. Es pura medicina.

CONSEJO #4 – Prepara una lista de deseos para el 2016
Sí, sí, la típica de deseos y propósitos. Sé concreta y piensa en grande, aunque parezca una locura.  Guárdala también en un sitio especial para ti y no vuelvas a leerla hasta el próximo fin de año.  Recuerda que si te mueves pasan cosas.  Si cambias algo, por pequeño que parezca, todo cambia.  La magia existe y está en ti.

¡Feliz año nuevo Eco-Lover! Te deseo lo mejor para ese 2016 que se asoma.  Y más que nada, te deseo mucha paciencia, amor, mucho amor. Ten la certeza de que tus esfuerzos darán sus frutos. Muévete y confía.

28 de diciembre de 2015

Consejos para elegir Talleres de Verano y que tu peque se divierta


Las vacaciones ya empezaron y muchos papás no saben cómo elegir el taller de verano ideal para sus hijos.  Los motivos para enviar a tus hijos a cursos de verano pueden ser muchos. Tal vez lo hagas porque trabajas y no tienes tiempo de cuidarlos; porque obtuvieron bajas calificaciones en algunas materias y deben reforzar conocimientos o, quizá, resulta ser una buena opción para que se entretengan en algo útil durante las vacaciones.  Yo veo los talleres de verano como un medio para llevar a los niños a otros escenarios y enriquecer sus experiencias de vida.  Sin embargo,  muchas veces estas actividades no son elegidas de forma adecuada. El año académico es largo y muchos estudiantes necesitan recuperar su salud física y mental. Según datos del Ministerio de Salud, un 20% de la población infantil padece problemas de estrés y gran parte de este mal proviene de la intensidad de los estudios. Entonces, ¿conviene que los chicos usen sus vacaciones para llevar cursos de reforzamiento o de preparación para el próximo año escolar? La respuesta parece ser no.  Algunos preferirán un deporte, como la natación o las artes marciales, mientras otros optarán por aprender a tocar un instrumento musical o seguir cursos de ciencia.  En la actualidad, hay cursos ecológicos o relacionados con la naturaleza. Las ventajas de estos planes es que los niños descubren, juegan y aprenden a cuidar del medio ambiente.

Estos son algunos de los aspectos que debes tomar en cuenta para elegir un taller para tu niño:

Que sea útil, atractivo o necesario para tu hijo y, sobre todo, que ayude a la potenciación de sus inteligencias múltiples.  La clave radica en identificar el potencial de tu pequeño y tratar de que se dedique a alguna actividad provechosa y que, sobre todo, sea de su agrado.

Que los niños participen en el análisis de opciones y la elección del curso; es importante que les presentes alternativas basadas en sus habilidades y gustos.  La elección de un curso de verano debe ser un momento de diálogo y acuerdo familiar, pues cuando los niños tienen opciones para elegir, se sienten seguros y tomados en cuenta, su autoestima se fortalece y, lo más importante, quieren vivir la experiencia y aprovecharla al máximo

Que el personal de instrucción esté capacitado y que sepa orientar a los niños para aprovechar todo su potencial.

Que el horario les permita a los niños tener tiempo para realizar otras actividades recreativas que aporten a su desarrollo integral.

Que las instalaciones sean en un lugar seguro, limpio y adecuado para el tipo de actividades que ofrece.  Verifica también que el lugar cuente con una amplia experiencia y trayectoria reconocida, además que su personal está totalmente calificado para el cuidado de los niños.

Debes tener en cuenta también que el tiempo libre es fundamental para el desarrollo de nuestros niños. No todas las vacaciones pueden consistir en clases o actividades programadas, nuestros pequeños también necesitan estar relajados y deben pasar tiempo con la familia y así fortalecer lazos y recuperar el tiempo consumido por el trabajo y los estudios.

Recuerda que las vacaciones son para disfrutarlas, el mejor curso de verano es aquel en el que tu hijo se siente feliz. ¡Buena suerte!

17 de diciembre de 2015

El fin de una era

Primer día de mi Cata en Cuidarte.
Hoy es el último día de clases en la guardería a la que va mi Cata desde los ocho meses de nacida.  Comprenderás, Eco-Lover, que conforme se iba acercando diciembre me iba convirtiendo en un cóctel de sentimientos encontrados. 

Primero que nada, yo maniática de la organización y del control, me encuentro bastante, un poco movida.  Me encantan las rutinas, los horarios establecidos, eso me da una tranquilidad única, siento mi vida en total armonía. Ahora nuestra cómoda rutina se va a ver drásticamente modificada, por las vacaciones y luego por el nuevo colegio.  Me da un poco de ansiedad no saber si tendré el tiempo suficiente para hacer todas las cosas a las que hasta ahora me he ocupado de manera regular: mi casa, mi trabajo, el Blog, mi nena, mi esposo, etc.  He tratado dentro de lo posible, de dejar todo lo más organizado posible, he hecho baja policía en toda la casa, he acomodado mi cocina, he acomodado los juguetes de mi Cata y he donado todo lo que aún está en buen estado y en estos últimos días he estado viendo alternativas para que mi nena siga algunos cursos de verano, todo con el fin de que ella se divierta, aprenda y de pasadita yo tengo algunas horas a la semana para dedicarme a mis múltiples obligaciones.  Aún no tengo esto 100% definido pero al menos ya está encaminado.

7 de diciembre de 2015

Mi Cata visita su nuevo colegio

Desde que mi Cata nació, mi esposo y yo tuvimos recontra claro el tipo de educación que queríamos para ella.  No queríamos un colegio católico. Sí tenía que ser mixto, con un buen nivel académico, pagable y lo suficientemente abierto para que la ayudaran a extender sus alitas y que también su almita se sintiera libre.  En abril de este año no teníamos muchas opciones, pero entre ellas sí había una que nos encantaba.  Postulamos, fuimos a la entrevista con la Sub Directora y la Psicóloga y esperamos.  Por suerte, mi Cata entró al colegio que nos gustó desde el principio y eso nos dejó muy contentos y tranquilos.

Hace dos semanas la invitaron a que pasara toda la mañana en su nuevo cole con los niños del salón de cuatro años.  Iba a estar ella solita en un salón con varios niños que no conocía, además de estar en un ambiente nuevo, con profesoras a las que nunca había visto en su vida.  Sinceramente estaba media preocupada y hasta angustiada, a pesar de que sé a la perfección que mi Cata es de lo más desenvuelta e independiente, pero igual me quedaba la duda de si iba a reaccionar bien.

La noche anterior dejé todo listo y mi hijita era la más emocionada. Le expliqué cómo sería la logística del día siguiente, le dije que conocería nuevos amiguitos, que compartiría toda la mañana con ellos y le di algunas indicaciones como por ejemplo para cuando desee ir al baño y que para cualquier cosa hablara con la profesora a cargo.     

El día de la visita llegó y la primera en despertar fue mi Cata con una alegría gigante.  La arreglé al toque, tomamos desayuno y tratamos de salir temprano para calcular bien el tráfico.  Durante todo el trayecto la Cata no podía más con la emoción.  Hasta que un poco antes de las 8am, llegamos, lo que nos dio la oportunidad de ver cómo llegaban los chicos, cómo interactuaban y toda la dinámica de la hora de entrada. 

Mi Cata lista para visitar su nuevo cole.
 Sonó la campana y justo se acercó la Psicóloga a recibirnos y a llevarnos al salón en el que se quedaría mi Cata.  Nos presentó a la maestra y a la auxiliar.  La primera se llevó a mi nena a los juegos, donde estaban los otros niños.  Mi Cata saludó a todo el mundo y comenzó a jugar con la arena.  Al ratito ya estaba conversando con dos niñitas y hasta ayudó a guardar los juguetes cuando las maestras llamaron para entrar al salón.  Se acopló al toque y eso me dio algo de tranquilidad.  En la puerta del salón le dije que ya nos íbamos y sin ningún problema se despidió de su papá y de mí y la dejé feliz, sentadita en su pupitre.

Mientras salíamos del colegio, Rolando,  mi esposo me abrazó porque me notó media triste.  Y sí, estaba triste porque mi nena está creciendo, muy rápido la verdad, pero al mismo tiempo me siento alegre y orgullosa de verla tan grandota, tan buena, tan desenvuelta, tan capaz de comerse el mundo. Y claro, el tema de los cambios también te mueve un poco, así no lo quieras. 

Mi Cata al toque hizo amigas y jugó con ellas.
A la hora pactada, regresamos al colegio y luego de una breve espera vimos salir a mi Cata de la mano de su profesora con una sonrisa de oreja a oreja.  La maestra estaba muy contenta, me comentó que mi nena pasó muy bien el día, que había hecho amistad con dos niñitas, que había jugado y que había participado muy bien.  Que todos estaban muy felices y que el próximo año, cuando ya le tocara ir al cole, se la iba a pasar excelente.  Soy una exagerada, pero fue como que el alma me regresó al cuerpo (!).  Mi nena superó exitosamente su primer día en su colegio de niños grandes y quiere volver.

Es inevitable ponerse nostálgica con todo lo que está pasando, pero también es justo y necesario celebrar y felicitarnos.  Nos felicito a Rolando y a mí, porque esta niña maravillosa que es nuestra hija, es fruto de nuestros esmerados cuidados, de las horas interminables de chamba, del día a día, de la gran paciencia, de las risas, del ejemplo, de la enseñanza y más que nada, de nuestro infinito amor. 

¡Y ahora, a esperar a marzo 2016!

2 de diciembre de 2015

¡Cumplí uno de mis sueños! …y cómo me cuesta

Yo, de negro y con pañuelo en mano, en una actuación del colegio, haciendo una de las cosas que más me gusta: bailar.

Siempre me gustó bailar. De niña quería crecer rápido para convertirme en una muñeca de Yola y así bailar junto con ella todas sus canciones.  Creo que fue en segundo de primaria que mi mamá me inscribió en las clases de Marinera Norteña que dictaban en mi colegio, las tardes de los sábados.  Según yo, aprendí todito y aprendí bien, además era algo que disfrutaba un montón.  Ya en secundaria participé en el Taller de Danzas Folclóricas y mi pasión por la danza se hizo más fuerte. Participaba en cuanta actuación había y a pesar de que mi cole era sólo de chicas, sólo en una oportunidad hice de hombre.  Es que modestia aparte, todo el mundo me felicitaba por lo bonito que bailaba y la gracia que tenía.  Tanto así que el mismísimo profe de Danzas me dijo que se le hacía muy difícil ponerme de hombre.  Ego hinchado y crecido hasta la estratósfera.  Lamentablemente cancelaron el taller y fue ahí que el baile empezó a alejarse de mí.

Salí del cole en 1994 y en esa época era impensable decirle a tus papás que querías bailar de manera profesional, en lugar de ser una Contadora o una Abogada, así que estudié Administración de Negocios Internacionales, pero siempre con la intención de matricularme en algún momento, en algún taller de bailes peruanos.

Pasaron los años y siempre hubo otras prioridades: estudiar inglés hasta llegar a nivel “Gringo”, viajar, comprar ropa, zapatos, carteras, seguir un diplomado, comprarme un carro, un depa, parar el depa, casarme y ser mamá.  Y así mi anhelo de volver a bailar, se convirtió en un sueño casi, casi, inalcanzable.  Quería volver a bailar, pero siempre lo rezagué. Una forma de estar cerca al baile era ir con mi mamá y mi hermana a cuanto espectáculo de Folclore hubiera y en los últimos años me volví caserita de todos los Retablos que se han presentado en el Gran Teatro Nacional.  Lo más bonito fue cuando mi Cata empezó a acompañarme.  Ir a esos espectáculos es demasiado emocionante, ha habido ocasiones en las que hasta he llorado por la hermosa puesta en escena, la música, los bailarines, las luces, el vestuario.  Lo disfrutaba un montón, pero siempre salía con una sombra de tristeza en el fondo de mi corazón. Quería volver a bailar.

Y fue hasta hace poco, luego del último Retablo de Octubre que de casualidad por el Facebook llegué a la página de Las Orihuela, un espacio nuevo dedicado a la enseñanza de Marinera Norteña y Afro, que abrirían dos hermanas bellas y con muy buena onda, excelentes bailarinas del Elenco Nacional de Folclore del Perú.  Y dije: aquí es, este es el momento.  Conocí a las profesoras, hermosas ellas, el salón de clase lleno de espejos y recién estrenado y me matriculé en clases de Marinera Norteña, dos veces a la semana.

Así que fui el primer día, sabiéndome recontra bailarina, casi casi con un Máster en Marinera Norteña.  ¡Qué fuerte, pero al mismo tiempo que paja sensación cuando te das cuenta que no bailas ni Los Pollitos Dicen!  Era cualquier cosa, menos una bailarina de Marinera. Claro, es que por un lado está el factor tiempo: han pasado 23 años desde la última clase de Folclore que recibí en mi vida, estoy recontra oxidada, tengo el ritmo, la gracia y delicadeza de un hipopótamo y por último, la psoriasis no me ayuda (estoy subida de peso por la medicación y creo que la artritis psoriásica se está empezando a apoderar de mí).  Además de esta cuestión física, está el hecho de que lo que recuerdo que era bailar Marinera, no tiene nada que ver con lo que me están enseñando. ¡Es mucho más complicado!

Un poco abrumada, con los músculos adoloridos y llena de pensamientos terminé la primera semana de clases.  La idea que tenía de mí misma y de mis virtuosos pasos de baile quedaron en el olvido.  Con mucha humildad y alegría, he tenido que aceptar empezar de cero y desaprender para aprender bien y así llegar a disfrutarlo. 

Estoy muy feliz en esta, mi segunda semana en clases. Me siento muy afortunada de haber tenido la suerte de conocer a Los Orihuela (porque también está Javier), de que el local esté ubicado casi casi a la espalda de donde vivo (es que las casualidades no existen, ¿verdad?), de estar haciendo algo que me fascina, de aprender (y no sólo a bailar), de conocerme más y de apreciar y agradecer infinitamente por tener esta linda oportunidad de cumplir uno de mis sueños y eso es ¡increíble!