1 de marzo de 2016

Hoy sólo fue diferente

 Subo al segundo piso especialmente para  verte.  Hace tiempo que no hacía eso,  subir sólo para verte.   Te vi desde lejos  recostada en tu cama y te saludé entrando  a tu cuarto. 

 No sé qué me pasó pero tan pronto crucé  la puerta me convertí en niñita otra vez y  me recosté a tu costado. 

 Me saludaste y me hiciste campito como pudiste y nos quedamos medias abrazadas yo dándote un poco la espalda. 

 Te pregunté cómo estabas y me  comenzaste a contar que estabas bien, a pesar de todo, que felizmente tenías suerte porque siempre te cuidaban y te trataban muy bien. 

Me preguntaste por mi esposo, siempre tú tan conversadora y también preguntaste por mi hijito.  Te dije que estábamos bien, que mi esposo estaba trabajando y que tenía una niña, no un niño. 

No sé cómo terminamos hablando de Chincha y de Pisco, te pregunté cuál de las dos ciudades te gustaban más y me dijiste que Chincha porque ahí estaban tus papás.  Yo te dije que a mí también me gustaba mucho Chincha. 

A continuación me preguntaste por mi mamá, que cómo estaba, que le mandara saludos cuando la viera, que le tienes mucho cariño porque la conoces desde hace años.  Yo trataba de contestarte como podía, pero el llanto no me lo hacía fácil.  Traté de controlarme mientras seguíamos conversando de la comida y del tiempo y en ningún momento te contradije, sólo te seguí la corriente.  Lloré mucho a tu lado, traté de que me abrazaras como cuando era niña y jalé un poquito tus bracitos y manitos huesudas y frías contra mí y traté de sentir lo que sentía cuando me abrazabas de pequeña. 

Tengo que decir que fue bonito, que sí logré sentir algo muy similar a lo que sentía hace más de veinte años cuando me recostaba contigo y conversábamos de todo. 

Hoy sólo fue diferente.  Hoy no sabías quién era, no me reconociste, no sabías que yo era tu nieta, sin embargo, sin miedo o temor alguno, dejaste que me recostara en tu cama, a tu lado, me abrazaste y conversaste conmigo.


Me levanto y me siento a tu lado, te miro.  Eres mi mamama, pero mi mamama ya no está ahí.  Ella probablemente se perdió en un mar de recuerdos que guardas en alguna parte de tu cerebro o de tu corazón.  Te beso, te agarro las manos bien fuerte y luego te suelto.  Me paro y me preguntas cuándo volveré y yo ya de espaldas para que no me veas llorar, te contesto que muy pronto.

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