6 de septiembre de 2016

La delgada línea entre cuidar a tus hijos y sobreprotegerlos


Desde que mi niña nació la he criado con respeto, apego y amor infinito. He colechado con ella hasta hace muy poco, la he llevado en brazos todo lo que quiso, he atendido todas sus necesidades a tiempo, caminó pasado el año,  dejó el pañal de día y de noche cuando estuvo lista y me he esforzado por brindarle mi apoyo y cuidado en cada cosa que hacía y cada logro que alcanzaba.  Ok, sí, soy una “mamá gallina”.

Es que no me entra en la cabeza eso de forzar a los niños a que pasen hacia etapas para las cuales aún no han madurado. Por ejemplo, me parece una forma de violencia bastante común y normalizada socialmente cuando se cree que estás criando a un niño “independiente” cuando lo dejas llorar solo en su cuna, para que aprenda a dormir solo.

Este año mi Cata empezó a ir a su colegio de niños grandes y si bien es cierto, el cambio no nos afectó en nada los primeros meses y es más, se adaptó súper bien a la nueva rutina y todo.  Pero hay un evento que nos invita a “cortar el cordón umbilical” de manera definitiva: el CAMPAMENTO anual que organiza su cole en el que participan de manera obligatoria desde los niños de 4 años.  Así es, Eco-Lover, dentro de poco mi Cata, se va con todo su salón a acampar de un día para otro, fuera de Lima y lejos de las alas de mamá.