8 de marzo de 2017

Feliz día, mujer

Mi familia siempre ha sido un matriarcado. Desde antes de la mamá de mi mamama, las mujeres hemos sido las que dirigíamos y movíamos a toda la familia. Mis ejemplos más cercanos han sido mujeres excepcionales, fuertes, valientes, libres y adelantadas a su época.

Mi mamama empezó a trabajar desde muy joven, incluso llegó a conciliar durante muchos años el tema laboral y familiar sin demasiado problema y hasta viejita se mantuvo como un bastión fuerte del cual todos nos agarrábamos.

Mi mamá es caso serio, como siempre digo, ha puesto la valla demasiado alta y con toda su vida me ha demostrado que una no se rinde nunca, que no hay nada mejor que ser auténtico, honesto, que las cosas se obtienen con mucho sacrificio, que no somos menos que nadie, que ser madre es entregarte por completo, que se termina lo que se empieza y mil y un virtudes más que espero llegar a hacer parte de mí.

Durante los 38 años que llevo en este mundo como mujer, debo admitir que muchas veces no ha sido fácil desenvolverme de manera justa y normal, por el simple hecho de ser parte del mal considerado “sexo débil”. Con la salvedad del caso, debo indicar que la religión ha sido una gran tara en mi vida.  Estudiando toda mi época escolar en colegio católico y sólo de mujeres, empecé a repelerlas. No sé si será que siempre me he sentido distinta, con un carácter y gustos muy particulares, pero no aguantaba estar sólo entre mujeres. Porque había mucho drama, mucho chisme, mucho disfuerzo, por lo que sea, no lograba conectar con ellas ni con mi lado femenino.  Con esta experiencia previa, mi salida al mundo fue un poco difícil, en principio porque después de 11 años lidiando sólo con mujeres, ahora debía también empezar a compartir con los hombres (cosa que debió ser normal, natural, pero que en mi caso no lo fue).  Ahí aprendí que como una regla tácita ellos son mejores, ocupan cargos importantes, pueden ganar más que una (así no tengan el mérito necesario), que sí existe el acoso sexual en todos los niveles y que por andar un poco descubierta o por disfrutar de tu sexualidad, podrías hacerte la fama de puta y con eso tu vida social se va al cacho.

A pesar de todo, de mi entorno y de mi misma, logré todo lo que me propuse, alcancé las metas que quise, tanto en mi vida profesional, como en la personal.  Pero, muchas cosas empezaron a cambiar cuando me convertí en mamá.

Primero, dejar de trabajar por un embarazo de alto riesgo fue, para mí, una decisión muy valiente. 

Luego, a pesar de mi capacidad y de todo lo que conseguí en mi carrera, quedarme en casa para cuidar a mi familia no sólo fue importante, también ha sido una de las cosas más fuertes que he tenido que afrontar porque he tenido que soportar comentarios de mi misma familia, de la de mi esposo y de opinólogos en general, discriminatorios, críticos y en general muy mala onda por la genuina necesidad de querer dejar de trabajar para ponerme a cocinar y a cambiar pañales.   Sin embargo, durante todos estos años junto a mi hija, es que me he reconocido como mujer, he aceptado mi lado femenino y he descubierto toda la magia y el inmenso poder que tenemos.  Y es justo agregar que durante los últimos años, gracias principalmente al Blog, es que tengo la dicha de estar rodeada de mujeres que aman y apoyan, mujeres que me han ayudado de muchas maneras y en muchas circunstancias y con quienes me siento feliz de compartir mi feminidad y maternidad.  Según yo, hice las pases con las mujeres del mundo y ahora disfruto estar rodeada de ellas, alimentan mi energía, me regeneran en muchos niveles, me alegran la vida.

Hacer que las cosas sigan cambiando para lograr la equidad en este mundo muchas veces tan injusto, depende ahora de nosotras, las madres y a través de nuestra crianza, podamos sembrar la semilla que hará que las diferencias sean cada vez menos entre hombres y mujeres. Hay muchísimo por hacer, muchos valores que enseñar, pero lo más importante es el amor. Ámate, quiérete, engríete, hazte respetar, exige lo que te corresponde, lucha por lo que crees. No olvides que nuestros hijos aprenden con el ejemplo.

¡Sigamos trabajando por una maternidad sostenible!


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